enero 24, 2026
PERSONAJE Revista

Hablamos con Fernando Colomo por «Las Delicias del Jardín»

Hemos estado con Fernando Colomo para que nos hable de su nueva película. 

Una comedia llena de sensibilidad y humor, que atrapa de principio a fin haciéndonos meditar sobre muchos matices de las relaciones humanas.

Por @Sensacion
Fotos cedidas por Vértice36

¿Qué te hizo elegir “El jardín de las delicias” como motor de la película?

La elección de esta obra se me ocurre por una exposición real de la Colección SOLO en el Matadero. En ella, artistas de su colección versionaron “El jardín de las delicias” y me llamó mucho la atención. 

Entonces se me ocurrió que lo que quería contar era la historia de un padre y un hijo que tenían que convivir y hacer algo juntos. De ahí surgió la idea de que esto fuera un concurso previo y que se fueran a presentar a él. 

Además, “El jardín de las delicias” es el gran cuadro de la historia de la pintura, no hay un cuadro que reúna estas características tan misteriosas y completas. El Bosco tardó años en pintarlo, lo compró Felipe II y lo tenía guardado para su disfrute personal. Es un fresco de la humanidad y es algo tan ambicioso, que nos habla de las virtudes y vicios de los humanos, que es una gozada poderlo ver.

¿Por qué “Las delicias del jardín”?

Al principio pensé en llamarle “El jardín de las delicias”, pero recordé la película de Saura que se llamaba así, entonces quise invertirlo y salió “Las delicias del jardín”. Lo justifiqué en la historia: a mi personaje hay un momento que se le ocurre ese trueque.

¿Cómo surgió embarcarse de lleno (coescribir, coprotagonizar…) este proyecto con tu hijo? 

Al principio la idea era solo coescribir, porque estamos viviendo juntos y la historia es de dos pintores. Él es pintor, lo que me venía perfecto para dar una visión de la juventud y de las diferencias generacionales porque no quería que fuera solamente la versión de una persona mayor sobre el mundo de una generación más abajo.

Él también se ofreció a ayudarme y empezamos a colaborar, cosa que no fue nada fácil porque al principio teníamos unas discusiones terribles hasta que, poco a poco, la película se fue conformando y cerrando.

Nunca pensamos que lo fuera a interpretar él (aunque el personaje sí está inspirado en él) porque siempre hablamos de tener un actor de cierto nombre. Contactamos hasta con cuatro actores que por disponibilidad u otros motivos no podían. Entonces a un mes de la película, cuando ya teníamos la financiación, no teníamos actor y hablando con Carmen Conesa le pregunté por algún actor y me dijo: “¿por qué no lo hace tu hijo?”

Se lo propuse, se quedó sorprendido, pero le hicimos una prueba y lo hizo bastante bien y en el rodaje fue creciendo. Enseguida se hizo con el personaje, fue improvisando y como era guionista tenía libertad de coescribir en el momento contigo. Las escenas que tenemos los dos están basadas en los diálogos escritos, pero los cambiaba para encontrar una frescura nueva.

¿Qué crees que puede suponer este film para el público?

Puede ser muy interesante para padres e hijos. Yo recuerdo que con mi padre había temas que no podía tocar porque sabía que iba a ser una bronca y es curioso porque te das cuenta de que ahora esto se repite al revés. 

Ahora, aunque mi hijo no es exactamente el personaje de la película porque lo hemos llevado a la ficción también tengo muchas discusiones de distintas formas de ver la vida.

Cuéntanos alguna anécdota del rodaje que quieras destacar

Con mi hijo nos habíamos acostumbrado a reescribir mentalmente el guion, pero en las escenas que teníamos con Carmen Machi, que eran escenas largas y complicadas, nos poníamos nosotros a inventar y llegaba ella y decía “tú no has dicho esto, que es fundamental para que se entienda, entonces yo no puedo decir esto” …  Al final era ella la que nos dirigía.

A tu hijo y a ti se os olvidaba que no estabais en casa…

Sí, cuando grabábamos normalmente era a él, porque tenemos sistemas de interpretación distinta. Le gusta no quemarse y no repetir mucho y si salía bien a la primera valía, pero a mí, al contrario, me gusta repetir mucho y estar seguro de lo que pasa.

Esto a veces nos creaba problemas porque él se iba por los cerros de Úbeda y yo intentaba seguirle, pero en algún momento tenía que volvía a llevar el agua por el molino.

Además, hay otra anécdota rodando en exteriores, concretamente en Lavapiés. La película está rodada con móviles, lo que nos daba una gran libertad de movimientos. Hay una escena que está rodada en una galería de arte en multi inauguración. De pronto había más de 200 o 500 personas en un espacio medianamente pequeño.

Cuando vi que empezaba a entrar gente, empezamos a rodamos la primera toma, pero cuando terminamos de rodarla no nos podíamos mover de la gente que estaba dentro. 

¿Por qué surgió el rodar con móviles?

Lo de rodar con móviles surge porque yo le dije a José Luis Alcaine que quería rodar todo el rato con dos o tres cámaras, pero que no fueran las cámaras habituales y fueran más pequeñas y ligeras para que se pudieran llevar a mano y tuviésemos más flexibilidad. Él me dijo: “me estás hablando de móviles” y al ser José Luis Alcaine dije que sí. 

El tener cinco o seis móviles ha cambiado totalmente la forma de rodar y me he tenido que utilizar un sistema de “super multicámaras”. Teníamos tres operadores que podían moverse con mucha facilidad, podíamos esconder en el decorado algún móvil… Todo esto nos permitía hacer cada escena todo de golpe y pudiendo improvisar.

¿Qué le dirías a los espectadores para que vayan a ver esta película?

Creo que deben ir a ver “Las delicias del jardín” porque se lo van a pasar muy bien; porque si tienen padres o hijos es fundamental al ver una relación padre e hijo muy importante; porque tiene actores maravillosos como Carmen Machi, Resines, Luis Bermejo, María Hervás; y porque habla del mundo del arte como yo creo que ninguna película en España lo ha hecho. 

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